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martes, 30 de marzo de 2010

LOS CARNAVALES DE LINIERS…

Si hubo hecho que siempre se destacó por años en el barrio, fueron los festejos del Carnaval. Los corsos de Liniers siempre fueron notables e incluso competían con los otros barrios en la cantidad de comparsas, números artísticos y entretenimientos. Los cuatro días locos eran de felicidad para todos. Recuerdo que el día empezaba a las 18 con los bailes para chicos del Club “Amanecer”. En la cancha del fondo, gran cantidad de luces de colores le daban brillo al lugar que se llenaba cada tarde. Recuerdo que siempre vendían los panchos en la pista y la gaseosa en el buffet del club lo que nos obligaba a pasar entre los parroquianos que parecían fastidiados por nuestra presencia entre mesas de billar y naipes. Bailábamos los ritmos de ese entonces: La Nueva Ola, el Club del Clan, cumbias de las buenas y algo de Los Beatles. A las 21 terminaba todo y a cenar a casa para ir después al Corso. Recuerdo que a los 4 años me disfrazaron de “chinito” para lucirme en el Corso y a los 5 decidí disfrazarme de Vaquero, con mi sombrero de Maverick, las dos Colt con sus cartucheras y cargadas de cebita, vaquero Far West y botas. Parecía un cow boy en serio. Es un recuerdo que sin dudas al que lo vivió se le estará escapando un lagrimón…pero de alegría…

Fuente: Danny Aresse

LOS VERANOS DE LINIERS…

Cómo no recordar los intensos calores de mi infancia y adolescencia. La gran ventaja de nuestro barrio es la gran cantidad de pulmones que siempre tuvo con sus plazas y parques. Los árboles de todo tipo fueron nuestros amigos a la hora de una buena sombra mientras nos entregábamos a los juegos, a la pelota, o a la siesta. Eran esos tórridos días donde aún había una gran variedad de mariposas que cazábamos sin piedad y las poníamos en unos frascos de vidrio pensando tal vez que serían eternas. Eran días también de pasarnos el día en la colonia de vacaciones y también horas en la pileta del club buscando el chapuzón refrescante y la charla con amigos o el ritual semanal al caer el sol, de dar la “vuelta del perro” con escala en la Heladería El Ciervo dispuestos a saborear un “Ice Cream”, una suerte de trago largo compuesto con dos bochas de helados, cola, hielo y “pajita” para tomarlo. Era una mezcla rara pero rica. Y éramos felices con poco…

Fuente: Danny Aresse

LA BLANQUEADA Y LOS ZAPATOS…

La Pulpería "La Blanqueada" fue un lugar famoso del siglo pasado, que tenía como dueño al vasco Manuel Echechiquía, famoso y querido por su clientela a tal punto que recibía el dinero de ellos en custodia, sin ningún recibo ni comprobante sino con el sólo valor de la palabra que en esa época era de gran valor y respeto. Esta pulpería fue durante varios años uno de los lugares de encuentros de los más destacados payadores y seguidores de este tipo de demostraciones camperas. El propio Gardel, conocedor de muchos lugares de la Ciudad, deambuló por allí. Hasta aquí la parte histórica. Mis recuerdos de chico era tan sólo un bar que con el tiempo se fue remodelando hasta su desaparición en los mediados de los ’60. Yo tengo muy grabada la imagen de ese boliche, porque mi tío tenía su inmobiliaria en el edificio contiguo sobre Rivadavia, en un primer piso, propiedad de los hermanos Saizar. Debajo se encontraba la conocida casa de rodados y bebés “Viturro”. Pero el detalle de esa cuadra, era su esquina, la de Calzados Rex. Todas las tardes, se reunían cuatro o cinco sordomudos y era increíble ver sus agitados diálogos con las manos. Esa imagen de chico la guardo siempre como parte del barrio. Era la cuadra de las zapaterías: Rex, Real, El Triunfo, Tonsa, Mercurio, y Lisboa, Saracco e Iglesias, sobre la Avenida General Paz, parecía que todos calzaban allí. Actualmente algunas de ellas sobreviven en ese lugar o cambiaron de dueños. Liniers siempre se destacó además por el buen calzar. Grimoldi también fue las zapaterías del barrio, lo mismo que López que era agente de Miguel Palmer y más hacia el Centro, Roal e Izquierdo. Y aun permanecen en Liniers muchas fábricas chicas y medianas de calzados, como la de los D’Allotta en Timoteo Gordillo y Caaguazú. Recuerdos de todos los tiempos que seguiremos transitando en esta columna…

Fuente Danny Aresse